Distintas investigaciones científicas remarcan el valor de la escritura anónima en primera persona desde una perspectiva terapéutica. Los estudios que vinculan la escritura con el área de salud han pasado de concebirla como una noción vaga a darle un noble sustento científico.
Esto significa que, si bien la escritura siempre se vislumbró como una de las expresiones centrales del ser humano, el hecho de verificarlo con distintos experimentos permiten darle hoy una contundencia como aporte para beneficiar la salud tanto mental como física.
Entre sus referentes se destaca en particular los desarrollos realizados por el Dr. James Pennebaker, prestigioso científico de la Universidad de Texas-Austin, quien señala que la escritura de situaciones traumáticas vividas por el sujeto vuelve al sujeto más saludable.
El aspecto central que permite que la escritura sea terapéutica es la posibilidad de realizarla desde el “anonimato”. Si a un sujeto se le da la posibilidad de esta condición de su expresión escrita plasma con total libertad cualquier tipo de sentimiento, trauma, o problema que lo aqueja o lo aquejó en el pasado.
La escritura mejora la calidad de vida. Es una herramienta óptima en el aprendizaje del mundo y su afrontamiento. Sirve como herramienta para la educación ya que los sujetos pueden rearmar la información recibida de manera más activa, integrándola. Además es un disparador para el desarrollo de la creatividad. Ayuda a adquirir y recordar información; el escribir permite que esa información nueva resulte más viva y por lo tanto más fácil de evocar la memoria. Es una alternativa para sobrellevar un problema; el escribir es un proceso más lento que pensar, obliga a que cada idea sea procesada más detalladamente, produciéndose una mayor conexión con uno mismo.
Una de las maneras de utilizar la escritura espontánea en este sentido es por medio de diarios íntimos. La escritura permite llevar un registro preciso de todo lo vivido a través del mismo. Un ejemplo es el Diario de Anna Frank escrito en el encierro vivido por una niña judía y su familia frente a la persecución nazi.
Además del diario íntimo (escritura confesional), se consideran las escrituras espontáneas como terapéuticas: al uso de cartas dirigidas a vínculos específicos del sujeto, a la autobiografía en la que el sujeto vuelve al registro de su historia personal, cuentos escritos, entre otras.
Estas formas de escritura, que son espontáneas, son recuperadas con un sentido metodológico para ser aplicadas luego tanto en un contexto clínico como en un contexto preventivo.
De la escritura terapéutica al cuento terapéutico:
Del trabajo clínico en psicopedagogía y de los aportes teóricos sobre la escritura terapéutica, escritura “anónima” realizada desde la situación más dolorosa vivida por un sujeto se construye una nueva herramienta: el cuento terapéutico, a ser utilizada tanto en ámbitos educativos como de la salud, laborales, judiciales, comunitarios.
Un largo recorrido transforma la escritura terapéutica hoy en lo que se denomina cuento terapéutico: elcuento terapéutico es el cuento escrito por un sujeto desde la situación más dolorosa vivida y cuyo conflicto se resuelve positivamente en el mismo.
Este potencial único con el que cuentan los seres humanos, la posibilidad de crear, gana terreno. El cuento, su escritura, permite a su creador tomar la distancia óptima que necesita ante un dolor, ante el sufrimiento.
Si se realizara un análisis histórico de los motivos profundos que llevaron a los grandes escritores de la humanidad a dejar sus legados, no sorprenderían estos conceptos. Cervantes, Kafka, Virginia Woolf, Rilke, Anna Frank, nos legaron sus obras literarias creadas desde sus propias situaciones dolorosas: Cervantes y la cárcel, Anna Frank, y el encierro producido por su condición de judía, Kafka y el vínculo traumático con su padre.
En la escritura de su cuento terapéutico, el sujeto tiene voz propia, adquiere una identidad. Y cuando una situación límite lo atraviesa, la escritura de un cuento terapéutico, de su cuento con final "feliz" o positivo le permite recuperar nuevamente el camino hacia la autonomía, hacia su propia libertad, y por lo tanto volver a encontrar nuevos proyectos de vida.